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“Nunca perdí una hora de mi vida en aquello que no me cupiera en el corazón.” - A. Machado -

martes, 21 de abril de 2026

Amaterasu

Hoy es tu día.
Y como ayer me dijiste que no te reconocías en los sesenta, quizá esto te sirva más que un número.

A veces la edad se siente como una sombra que no encaja, como si el tiempo avanzara más rápido que la imagen que tenemos de nosotras mismas. Pero tú nunca has sido una cifra. Nunca has cabido en un molde.

Yo te veo en otra forma:

Te veo en esa forma tuya de dar amor sin pensarlo, de cuidar incluso cuando nadie lo pide, de ponerte siempre la última sin que nadie lo note. 
Te veo en ese corazón tuyo, más grande de lo normal, que late para todos incluso cuando estás cansada.

Te veo en la paciencia que sostienes incluso cuando el nervio te tiembla por dentro, en esa mezcla tuya de calma y fuego que solo tienen las mujeres que han vivido de verdad.
Te veo observadora, inteligente, empática,  capaz de escuchar lo que no se dice  y de consolar sin una sola palabra.

Y luego está tu voz. 
Esa voz que no es solo voz: es cuento, es refugio, es paz.  Una voz que hace magia, que convierte un día torcido en un día respirable, que ilumina como si llevaras dentro un pequeño sol. Por eso te llamo Amaterasu: porque sin proponértelo, das vida.

Pero también eres fuego. 
Esa parte tuya que protege como una leona, que defiende lo que ama con una fuerza que asusta, que se planta, que decide, que arde. 
A veces chocamos, sí.  Dos cabezas firmes, dos fuegos similares y a la vez distintos. 
Pero incluso entonces, siempre acabas dejándome elegir. 
Esa es tu forma de querer: fuerte, libre, protectora, sin soltar del todo, pero sin encerrar: "Lejos pero nunca separados, libres pero nunca solos".

Eres artista sin escenario,
madre sin manual,
mujer que sostiene incluso
cuando nadie la sostiene a ella.

Y aunque tú no lo digas, 
aunque no lo nombres, 
aunque no lo pienses, 
hay algo más.

Eres Fénix.

Porque has ardido más veces de las que cualquiera imagina, y aun así siempre vuelves. Más sabia, más fuerte, más tú.

Quizá no te reconozcas porque has sido muchas cosas a la vez:  niña, madre, refugio, leona, paz, fuego, Fénix, calma, abrazo, luz, ternura... Y ninguna de esas palabras tiene edad.

Sesenta no es anciana. 
Sesenta es haber vivido lo suficiente para saber, para sentir, para elegir. 
Sesenta es haber amado tanto que el corazón se te agrandó sin pedir permiso. 
Sesenta es haber sido vida para otros, y seguir siéndolo.

Hoy cumples sesenta. 
Y si pudieras verte como te veo yo, 
entenderías que no hay número que pueda contenerte. 
Eres luz. 
Eres fuego. 
Eres renacer.
Eres Amaterasu. 
Eres el Fénix.
Que cuida,
Que sostiene,
Que permanece,
Que vuelve más fuerte,
incluso cuando el mundo se apaga.
Mujer que no se rinde.

Amaterasu, hoy es tu día.Y ojalá este pequeño reflejo te ayude, aunque sea un poco, a reconocerte.

"Hasta el infinito y más allá".



viernes, 3 de abril de 2026

"La niña del horizonte azul"

Esta vez, mis sueños me llevaron a aquella habitación.
La ventana seguía abierta al mismo horizonte que, de niña, confundía con el mar.

Y entonces la vi.

Apoyada en la ventana, con sus ojos fijos en ese azul inventado.

No era la primera vez que nos encontrábamos. Ella aparece cuando algo dentro de mí necesita ser mirado.

Me acerqué despacio y me quedé a su lado.
No hablamos. No hizo falta.

Ella sabe que yo la escucho incluso en silencio.

La niña seguía mirando el horizonte con esa fe intacta, como un pajarillo de alas rotas que anhela ser libre, con la certeza de que ese azul era el mar, de que más allá de los tejados había un lugar donde respirar sin miedo, de que algún día volaríamos.

Yo lo entendí sin palabras.

Amaneceres, atardeceres, noches, tormentas…
Yo había sido esa niña que miraba para escapar.
Y ahora era la mujer que miraba para vivir.

Le ofrecí la mano.
Ella la tomó.

Y en ese gesto leve, casi aire, supe que estaba lista.

Cerré los ojos un instante.
Cuando los abrí, ya no estábamos en la habitación.

Estábamos aquí, en esta tierra única.
Frente al mar de verdad.

Ella abrió los ojos muy grandes.
El azul ya no era imaginado.
Las olas respiraban.
El viento nos reconoció.

Y, por primera vez, la niña no quiso huir.
Quiso quedarse.

Se apoyó en mí, tranquila, sonriente.
Y yo sentí esa paz suya que siempre me ordena por dentro.

Ahora miramos el mar juntas.
Ella, por fin, siendo niña.
Yo, por fin, siendo libre.

La realidad es dura, pero unidas la enfrentamos con valor.

Y así estamos, las dos, enteras,
sabiendo que este horizonte ya no es una promesa.

Es hogar.

“El peso de lo real”

 I
Hay una extraña euforia en el que nada siembra,
una prisa por recoger el fruto que la mano no ha labrado.
Ajenos a la viga, al cálculo, al insomnio,
creyendo que el hogar es solo el brillo del barniz.

II
Quieren la corona sin haber forjado el hierro.
Quieren el puerto sin haber navegado la tormenta.
Sin hierro, no hay corona.
El metal no se dobla con deseos.
Sin tormenta, no hay puerto.
El mar no se amansa con palabras huecas.

III
Se puede heredar un mapa,
pero jamás el camino.

IV
Llaman «comunidad» a su propio miedo,
y «piedad» al gesto de esquivar el peso.
Prefieren la caricia de la mentira suave,
ese refugio donde todos son buenos
mientras alguien, en la sombra, mantiene el fuego ardiendo.

V
Las flores de plástico no tienen admiradores,
solo testigos de su inerte permanencia:
No conocen la lluvia,
tampoco el aroma,
no saben de inviernos,
y jamás darán semilla.

VI
Hablan de heridas como ornamento,
de luchas que nunca sangraron,
y levantan templos de palabras
sobre cimientos que no tocaron.
Han aprendido el gesto exacto,
la inclinación precisa del rostro,
esa coreografía impecable
donde el alma siempre llega tarde.
Confunden ruido con conciencia,
y eco con profundidad.
Nombran virtud a la comodidad,
y violencia a cualquier frontera.

VII
El hierro no escucha consignas.
La materia no negocia.
La gravedad no firma treguas.
El mundo, terco y sin aplausos,
no se sostiene con consignas huecas.

VIII
Porque hay manos que aún cargan peso,
hay espaldas que no se exhiben,
y verdades que no se anuncian…
simplemente permanecen.
Incluso el espejo
necesita algo real que reflejar.
No todos resiste la mirada.