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“Nunca perdí una hora de mi vida en aquello que no me cupiera en el corazón.” - A. Machado -

viernes, 3 de abril de 2026

“El peso de lo real”

 I
Hay una extraña euforia en el que nada siembra,
una prisa por recoger el fruto que la mano no ha labrado.
Ajenos a la viga, al cálculo, al insomnio,
creyendo que el hogar es solo el brillo del barniz.

II
Quieren la corona sin haber forjado el hierro.
Quieren el puerto sin haber navegado la tormenta.
Sin hierro, no hay corona.
El metal no se dobla con deseos.
Sin tormenta, no hay puerto.
El mar no se amansa con palabras huecas.

III
Se puede heredar un mapa,
pero jamás el camino.

IV
Llaman «comunidad» a su propio miedo,
y «piedad» al gesto de esquivar el peso.
Prefieren la caricia de la mentira suave,
ese refugio donde todos son buenos
mientras alguien, en la sombra, mantiene el fuego ardiendo.

V
Las flores de plástico no tienen admiradores,
solo testigos de su inerte permanencia:
No conocen la lluvia,
tampoco el aroma,
no saben de inviernos,
y jamás darán semilla.

VI
Hablan de heridas como ornamento,
de luchas que nunca sangraron,
y levantan templos de palabras
sobre cimientos que no tocaron.
Han aprendido el gesto exacto,
la inclinación precisa del rostro,
esa coreografía impecable
donde el alma siempre llega tarde.
Confunden ruido con conciencia,
y eco con profundidad.
Nombran virtud a la comodidad,
y violencia a cualquier frontera.

VII
El hierro no escucha consignas.
La materia no negocia.
La gravedad no firma treguas.
El mundo, terco y sin aplausos,
no se sostiene con consignas huecas.

VIII
Porque hay manos que aún cargan peso,
hay espaldas que no se exhiben,
y verdades que no se anuncian…
simplemente permanecen.
Incluso el espejo
necesita algo real que reflejar.
No todos resiste la mirada.