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“Nunca perdí una hora de mi vida en aquello que no me cupiera en el corazón.” - A. Machado -

martes, 27 de octubre de 2026

"La vida, el arte de ensayar"

Deseo. Una palabra con muchas esperanzas y ninguna fuerza para mi gusto. La vida me enseñó que, si de verdad anhelas algo, no basta con querer que ocurra: hay que hacerlo realidad con las propias manos. Así es, quien algo quiere, algo le cuesta. Pero créeme, el esfuerzo se ve recompensado con creces.

De nada sirve quedarse mirando las estrellas esperando que una fugaz conceda el milagro, cuando uno mismo tiene las manos para construir la escalera. Cada paso que se da en silencio, cada momento en que se elige la constancia por encima de la comodidad y cada pequeño obstáculo superado, van moldeando esa ilusión hasta convertirla en una certeza innegable.

Porque los grandes horizontes no se alcanzan suspirando, se conquistan labrando el camino día a día, con paciencia y rigor. Y cuando por fin tocas esa meta que alguna vez solo existió en tu cabeza, descubres que el premio más grande no es únicamente el destino al que has llegado, sino la persona inquebrantable en la que te has convertido para poder alcanzarlo. El deseo fue la chispa, sí, pero tu propia voluntad fue el fuego que forjó la realidad.

Además, con cada meta alcanzada se abren nuevos horizontes y, con ellos, nuevos retos. Es verdad que muchas veces el propio camino te aclara las ideas y te desvela que el sueño no era exactamente como lo imaginabas, pero eso ya es un gran logro en sí mismo: aprender, descubrir. Vivimos en una sociedad tan polarizada que nos empuja a creer que todo debe ser blanco o negro, robándonos el sinfín de matices que hay entre medias. Olvidando, incluso, que el blanco es, en realidad, la suma de todos los colores. Hay infinitas posibilidades a nuestro alrededor y, sin embargo, nos empeñamos en reducirlas al absurdo de solo dos.

Es cierto que hay equivocaciones graves, pero también hay muchas cosas que llamamos "error" y que simplemente son una parte indispensable del viaje. Nos cargamos a nosotros mismos, y a los demás, de expectativas y juicios implacables, cerrándonos así la puerta a la equivocación. Ignoramos que la vida no es perfecta, que está construida a base de "fallos". De hecho, grandes hallazgos históricos nacieron de esos "fallos", aunque ahora se aplaudan como aciertos magistrales. Como aquel moho que contaminó por accidente una placa de laboratorio y nos dio la penicilina... ¿Un error? No, un despiste que cambió el mundo.

Por eso, no os quitéis la posibilidad de equivocaros, ni a vosotros mismos, ni a nadie. Porque si lo hacéis, os estaréis quitando la libertad de aprender, de crecer, de abrir horizontes y, finalmente, de alcanzar metas, de hacer del mundo, por qué no, un lugar mejor.

Al fin y al cabo, vivir es el arte de ensayar. Es un inmenso campo de pruebas donde cada día medimos nuestra voluntad, mezclando decisiones y acciones para ver qué reacción provocan. A veces, la fórmula falla y el resultado es un pequeño caos temporal que nos obliga a detenernos, replantear la hipótesis, rehacer el procedimiento y volver a empezar. Pero es justo ahí, en el silencio de ese reinicio, ajustando las piezas de lo que somos, cuando realmente descubrimos de qué estamos hechos.


Así que seguiré deseando, sí, pero con las mangas arremangadas y las manos manchadas de vida. Porque prefiero mil veces el cansancio y el rasguño de haberlo intentado, de haberme atrevido a "fallar", que la herida invisible de quien se queda sentado esperando a que el destino haga el trabajo. Que cada error sea un maestro, y cada deseo, un mapa dibujado a lápiz... El verdadero viaje, la verdadera transformación, siempre estará en atreverse de caminar.