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“Nunca perdí una hora de mi vida en aquello que no me cupiera en el corazón.” - A. Machado -

jueves, 7 de abril de 2016

Todo nos sabe a poco

 Todo nos sabe a poco, nada nos sabe a nada, nada tiene valor... Queremos lo que no tenemos y lo que tenemos, de alguna manera (indirecta o directa), lo despreciamos, lo hacemos de menos, insignificante ante nuestros ojos y nuestra percepción... 
Es verdad, cuando pierdes algo, a alguien, te das cuenta, en verdad, de lo importante que era, de que realmente lo necesitabas a tu lado, pero como ya lo tenías no lo echabas en falta...


Es una cruel realidad, pero no somos más maduros que aquel bebé que tiene todo lo que puede pedir, y eso que todavía no sabe hablar. El bebé no se da cuenta de sus "juguetes", prefiere lo de otro, hasta que alguien decide "jugar con sus juguetes". Entonces se da cuenta de que puede perderlos y llora para que se los de vuelvan, porque él no ha sabido cuidarlos, defenderlos, y se los han, digamos, "quitado".

No, no hemos madurado en ese aspecto, al menos, yo, en sus momentos, no lo hice y, ahora, me arrepiento. Ni sí quiera quiero saber si ahora soy madura en ese aspecto. Porque, cuando eres mayor, cuando te “quitan” a alguien, significa mucho más que cuando eres bebé. El llanto no te servirá de nada, con nada conseguirás recuperarlos...
Cuando una persona “se va”, “se va” para siempre.
Se fueron, no sabrás muy bien a dónde, pero el caso es que ya no estarán a tú lado... Solo quedarán las preguntas: 
¿Aprovechaste bien el tiempo? ¿Supiste hacerles saber lo importantes que eran para ti? ...
O eres tan mezquino que te has dado cuenta ahora, que ya no están y no volverán, de que eran grandes personas para ti, de lo importantes que son...












Nunca has de desaprovechar ningún momento con alguien a quien aprecias, aunque sean pocos segundos, aprovéchalos. 

La vida es efímera, cruelmente corta, pero un magnífico Don. No la malgastes, compártela, disfrútala con quien más quieras y haciendo lo que quieras, no pierdas ni un segundo.
 

sábado, 13 de febrero de 2016

Querer llorar y no poder

Mis ojos me arden, me escuecen, siento como si unas manos los estrujaran… Es la misma presión que siento en mi pecho, la cual hace que todo mi cuerpo se estremezca; es mi corazón el que se está encogiendo sobre sí mismo, haciéndose cada vez más diminuto en mi pecho… Siento como sangra al hacerlo… Tanto reprimir las lágrimas, el llanto… Ahora creo que el que llora es mi corazón, porque debe ser así como lloran los corazones.


Estoy triste, tengo ganas de llorar pero no puedo…
Unas palabras aparecen en mi mente y se distribuyen por todo mi cuerpo para darme aliento, para que no llore, para que deje de estar triste: -“Se fuerte. No debes llorar. Sigue adelante sin mirar atrás. Lucha por ellos y por ti.” Suenan muy bien, ¿verdad? Son unas palabras cargadas de significado y sentimiento, sí… pero oculto. Tras ellas se esconde el miedo, un miedo irracional y profundamente arraigado. Pues, en verdad, lo que dicen estas palabras es: -“No llores… porque sí te ven llorar, sí lloras, serás débil ante ellos y ante ti misma; sí lloras, mostraras tus debilidades y te harán daño, la gente se aprovecha de las debilidades, bien lo sabes. No llores, Deja de molestar a la gente que te aprecia, deja de preocuparlos con tus memeces, porque si te ven llorar, serán capaces hasta de dejar todo para hacerte sonreír. Sí lloras, sabrán que todavía miras atrás, sabrán que aún estas anclada en el pasado… Sabrán que tu presente se ha convertido en el reflejo de él o, más bien, en sus consecuencias. Sí te ven triste, sabrán que te has dado por vencida, que eres una cobarde inútil, la cual se ha cansado de luchar por su vida…
Sí lloras, pondrás mal a todos los que te quieren ver sonreír, porque sabrán que nada va bien, como te empeñas en seguir aparentando.”
Sí lloro, hasta yo me daré cuenta de esto, y se desmoronará toda esta ilusión que, en su día, decidí crear para que esas personas no se sintieran mal por mí, esta ilusión que las hice creer, y que hasta yo me la creí.

Y, amargamente, recuerdo que el principio de toda esta caótica historia que, se ha convertido en mi vida, empezó por no querer hacer daño a los demás, por no saber decir NO.



jueves, 19 de noviembre de 2015

Otro sinsentido


No soy uno más,
no soy uno menos, 
simplemente soy yo, 
un triste recuerdo, 
un simple adiós, 
un alma perdida
que vaga por el tiempo.
Sin rumbo fijo, 
sin un sitio al que acudir, 
y sin palabras que decir...


Un mero observador, 
un simple transeúnte, 
un oyente desinteresado: 
"Sólo sé que veo lo que escucho 
y escucho lo que veo;
o era que observo lo que oigo 
y oigo lo que observo."
No lo sé, no recuerdo... 
No recuerdo nada, 
por no recordar, 
ya ni recuerdo quién soy.



-Sólo sé que vivo, ¿sigo viviendo? O tal vez morí y por eso no recuerdo.