Cuando el tren comenzó a moverse, algo en mí se quedó suspendido en el andén.
No era solo la despedida, era la sensación tenue de que el tiempo había estado
mirando desde mucho antes, testigo discreto que siempre nos observa desde algún
rincón.
Reloj de la estación, tú lo sabes.
Has visto cómo ciertos encuentros
parecen nacer de un susurro,
cómo se encienden y se apagan,
palabras que no terminan de decidirse, sus manos buscaban las mías un segundo
más...
con tu calma indiferente,
que no entiende de temblores
Tiempo…
Te sentí correr cuando su calor acariciaba mi piel,
te volviste lento, espeso,
como si quisieras recordarme que
pero guardas cada instante,
cada mirada que se queda flotando
cuando el tren avanza.
de ver cómo algo crece a saltos suaves,
entre presencias breves y silencios que se alargan.
y en tu discreción
parece que supieras más que nosotros,
guardando cada instante,
Eres quien nos acompaña,
Aun así,
mientras la estación quedaba atrás,
sentí que no me alejaba del todo.
Había un hilo tenue, casi invisible,
Un recordatorio sutil de que tú, tiempo,
mientras su figura se hacía pequeña
