Normas

“Nunca perdí una hora de mi vida en aquello que no me cupiera en el corazón.” - A. Machado -

martes, 21 de abril de 2026

Amaterasu

Hoy es tu día.
Y como ayer me dijiste que no te reconocías en los sesenta, quizá esto te sirva más que un número.

A veces la edad se siente como una sombra que no encaja, como si el tiempo avanzara más rápido que la imagen que tenemos de nosotras mismas. Pero tú nunca has sido una cifra. Nunca has cabido en un molde.

Yo te veo en otra forma:

Te veo en esa forma tuya de dar amor sin pensarlo, de cuidar incluso cuando nadie lo pide, de ponerte siempre la última sin que nadie lo note. 
Te veo en ese corazón tuyo, más grande de lo normal, que late para todos incluso cuando estás cansada.

Te veo en la paciencia que sostienes incluso cuando el nervio te tiembla por dentro, en esa mezcla tuya de calma y fuego que solo tienen las mujeres que han vivido de verdad.
Te veo observadora, inteligente, empática,  capaz de escuchar lo que no se dice  y de consolar sin una sola palabra.

Y luego está tu voz. 
Esa voz que no es solo voz: es cuento, es refugio, es paz.  Una voz que hace magia, que convierte un día torcido en un día respirable, que ilumina como si llevaras dentro un pequeño sol. Por eso te llamo Amaterasu: porque sin proponértelo, das vida.

Pero también eres fuego. 
Esa parte tuya que protege como una leona, que defiende lo que ama con una fuerza que asusta, que se planta, que decide, que arde. 
A veces chocamos, sí.  Dos cabezas firmes, dos fuegos similares y a la vez distintos. 
Pero incluso entonces, siempre acabas dejándome elegir. 
Esa es tu forma de querer: fuerte, libre, protectora, sin soltar del todo, pero sin encerrar: "Lejos pero nunca separados, libres pero nunca solos".

Eres artista sin escenario,
madre sin manual,
mujer que sostiene incluso
cuando nadie la sostiene a ella.

Y aunque tú no lo digas, 
aunque no lo nombres, 
aunque no lo pienses, 
hay algo más.

Eres Fénix.

Porque has ardido más veces de las que cualquiera imagina, y aun así siempre vuelves. Más sabia, más fuerte, más tú.

Quizá no te reconozcas porque has sido muchas cosas a la vez:  niña, madre, refugio, leona, paz, fuego, Fénix, calma, abrazo, luz, ternura... Y ninguna de esas palabras tiene edad.

Sesenta no es anciana. 
Sesenta es haber vivido lo suficiente para saber, para sentir, para elegir. 
Sesenta es haber amado tanto que el corazón se te agrandó sin pedir permiso. 
Sesenta es haber sido vida para otros, y seguir siéndolo.

Hoy cumples sesenta. 
Y si pudieras verte como te veo yo, 
entenderías que no hay número que pueda contenerte. 
Eres luz. 
Eres fuego. 
Eres renacer.
Eres Amaterasu. 
Eres el Fénix.
Que cuida,
Que sostiene,
Que permanece,
Que vuelve más fuerte,
incluso cuando el mundo se apaga.
Mujer que no se rinde.

Amaterasu, hoy es tu día.Y ojalá este pequeño reflejo te ayude, aunque sea un poco, a reconocerte.

"Hasta el infinito y más allá".



viernes, 3 de abril de 2026

"La niña del horizonte azul"

Esta vez, mis sueños me llevaron a aquella habitación.
La ventana seguía abierta al mismo horizonte que, de niña, confundía con el mar.

Y entonces la vi.

Apoyada en la ventana, con sus ojos fijos en ese azul inventado.

No era la primera vez que nos encontrábamos. Ella aparece cuando algo dentro de mí necesita ser mirado.

Me acerqué despacio y me quedé a su lado.
No hablamos. No hizo falta.

Ella sabe que yo la escucho incluso en silencio.

La niña seguía mirando el horizonte con esa fe intacta, como un pajarillo de alas rotas que anhela ser libre, con la certeza de que ese azul era el mar, de que más allá de los tejados había un lugar donde respirar sin miedo, de que algún día volaríamos.

Yo lo entendí sin palabras.

Amaneceres, atardeceres, noches, tormentas…
Yo había sido esa niña que miraba para escapar.
Y ahora era la mujer que miraba para vivir.

Le ofrecí la mano.
Ella la tomó.

Y en ese gesto leve, casi aire, supe que estaba lista.

Cerré los ojos un instante.
Cuando los abrí, ya no estábamos en la habitación.

Estábamos aquí, en esta tierra única.
Frente al mar de verdad.

Ella abrió los ojos muy grandes.
El azul ya no era imaginado.
Las olas respiraban.
El viento nos reconoció.

Y, por primera vez, la niña no quiso huir.
Quiso quedarse.

Se apoyó en mí, tranquila, sonriente.
Y yo sentí esa paz suya que siempre me ordena por dentro.

Ahora miramos el mar juntas.
Ella, por fin, siendo niña.
Yo, por fin, siendo libre.

La realidad es dura, pero unidas la enfrentamos con valor.

Y así estamos, las dos, enteras,
sabiendo que este horizonte ya no es una promesa.

Es hogar.

“El peso de lo real”

 I
Hay una extraña euforia en el que nada siembra,
una prisa por recoger el fruto que la mano no ha labrado.
Ajenos a la viga, al cálculo, al insomnio,
creyendo que el hogar es solo el brillo del barniz.

II
Quieren la corona sin haber forjado el hierro.
Quieren el puerto sin haber navegado la tormenta.
Sin hierro, no hay corona.
El metal no se dobla con deseos.
Sin tormenta, no hay puerto.
El mar no se amansa con palabras huecas.

III
Se puede heredar un mapa,
pero jamás el camino.

IV
Llaman «comunidad» a su propio miedo,
y «piedad» al gesto de esquivar el peso.
Prefieren la caricia de la mentira suave,
ese refugio donde todos son buenos
mientras alguien, en la sombra, mantiene el fuego ardiendo.

V
Las flores de plástico no tienen admiradores,
solo testigos de su inerte permanencia:
No conocen la lluvia,
tampoco el aroma,
no saben de inviernos,
y jamás darán semilla.

VI
Hablan de heridas como ornamento,
de luchas que nunca sangraron,
y levantan templos de palabras
sobre cimientos que no tocaron.
Han aprendido el gesto exacto,
la inclinación precisa del rostro,
esa coreografía impecable
donde el alma siempre llega tarde.
Confunden ruido con conciencia,
y eco con profundidad.
Nombran virtud a la comodidad,
y violencia a cualquier frontera.

VII
El hierro no escucha consignas.
La materia no negocia.
La gravedad no firma treguas.
El mundo, terco y sin aplausos,
no se sostiene con consignas huecas.

VIII
Porque hay manos que aún cargan peso,
hay espaldas que no se exhiben,
y verdades que no se anuncian…
simplemente permanecen.
Incluso el espejo
necesita algo real que reflejar.
No todos resiste la mirada.

miércoles, 1 de abril de 2026

Tiempo: amigo y enemigo.

 

Cuando el tren comenzó a moverse, algo en mí se quedó suspendido en el andén.

No era solo la despedida, era la sensación tenue de que el tiempo había estado mirando desde mucho antes, testigo discreto que siempre nos observa desde algún rincón.

Reloj de la estación, tú lo sabes.
Has visto cómo ciertos encuentros
parecen nacer de un susurro,
cómo se encienden y se apagan,
palabras que no terminan de decidirse, sus manos buscaban las mías un segundo más...


Y aun así, marcaste la hora
con tu calma indiferente, 
que no entiende de temblores
ni de ausencias.


Tiempo… 
tú también estabas allí, 
respirando entre nosotros,
acompañando lo que no se dice.

Te sentí correr cuando su calor acariciaba mi piel, 
como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier instante ante sus ojos,
 un gesto breve que pareció contener más de lo que mostraba.


En cuanto el tren avanzó, 
te volviste lento, espeso, 
como si quisieras recordarme que
lo nuestro se escribe entre presencias breves 
y ausencias largas, 
como si te gustara ver 
cómo la distancia se acomoda entre dos latidos.


No dices nada, 
pero guardas cada instante, 
cada mirada que se queda flotando
 cuando el tren avanza.


A veces pienso que disfrutas de esta intermitencia, 
de ver cómo algo crece a saltos suaves,
 entre presencias breves y silencios que se alargan.

Eres testigo, 
y en tu discreción 
parece que supieras más que nosotros, 
guardando cada instante, 
sosteniendo lo que no podemos retener.
Eres quien nos acompaña, 
cuando el otro no está. 
Aliado y enemigo, 
puente y distancia. 
Nos das el vértigo del encuentro
y la quietud interminable de los días en distancia.

Aun así, 
mientras la estación quedaba atrás, 
sentí que no me alejaba del todo.
Había un hilo tenue, casi invisible,
que seguía vibrando en el aire.
Un recordatorio sutil de que tú, tiempo, 
aunque juegues con nosotros, 
también das forma a lo que empieza a ser.


Quizá por eso, 
mientras su figura se hacía pequeña
al otro lado de la ventanilla, 
sentí que no estaba del todo sola.
Tú, tiempo, seguías allí, paciente, 
llevando en tus manos invisibles 
la promesa de otro encuentro.

domingo, 19 de octubre de 2025

"Entre la luz y las hojas, otoño"

I

Ansío hoy ese abrazo,
que me brinde valentía,
que me envuelva en su calma,
otorgándome el sosiego que tanto estimo,
que mi alma mendiga en silencio.

II

Como a las hojas que caen,
acógeme hoy en tu luz, mi Sol.
Como a esas cansadas hojas,
que tiemblan antes de caer,
bríndame tu abrazo cálido,
esa valentía que hoy me falta.

III

Las heridas se reabren tan deprisa…
y el nudo en mi garganta ahoga más.
Mi pecho, uniéndose al eco doliente de la memoria,
de un recuerdo que aún arde,
silencioso y antiguo como el viento.

IV

Tímidas hojas de otoño,
mirando al vacío, temiendo y ansiando soltarse...
Mas la brisa amiga les susurra: “Hazlo”,
y el gigante ardiente, en su dorado amparo, las guía.

V

Vuela libre, alma mía,
y que tu vuelo inspire a los que miran sin ver.
Que tu caída sea ejemplo,
y tu esperanza, semilla en su silencio.

VI

Sanar, dicen, oportunidad divina:
Es volver a sangrar,
arrancar las costras del alma,
las que apenas el tiempo logró secar.
Dejar que el aire purifique lo que duele.

Y, sin embargo,
¿no es así como el otoño enseña a vivir?
Dejando ir sin perderse,
muriendo un poco para renacer más liviano.

VII

Y duele…
Pero duele más cuando la noche calla,
cuando sólo queda el peso del sentir.

VIII

Hoy más que nunca necesito tus rayos,
tu voz callada en la brisa,
susurrando entre hojas que se rinden al vuelo:

“Descansa, pequeña,
yo te cuido,
como el sol cuida
a las hojas que caen sin miedo.”

Mi Sol, te ruego:
Abrígame en tus rayos,
dime que puedo cerrar los ojos,
que hoy, sólo hoy,
puedo descansar…

Y que Tú, silencioso guardián,
me cuidarás hasta el alba.

IX

Mi amado Sol,
envuélveme en tu abrazo protector,
hoy mi alma cansada se entrega a tu luz,
como hoja que al fin acepta el viento,
rindiéndose al renacer inevitable del otoño.


miércoles, 24 de septiembre de 2025

"Donde el sol nos encontró"


Sol, testigo sutil de millones de historias.

Entre ramas antiguas, tus rayos se cuelan hoy,

dibujando el camino con sutiles trazos dorados,

de esperanza cálida.


Esta tarde, el viento susurra en secreto

y guarda en su aliento lo que no llevó.


No hubo promesas,

solo miradas que hablan más que las palabras,

caricias sinceras bajo el amparo de los grandes árboles,

cómplices de lo acontecido.


Calma en lo eterno,

y el tiempo regalándonos instantes inolvidables.


Tus pasos y los míos

se buscan, se rozan,

dejando huellas invisibles

en la memoria del sendero.


Y como siempre,

cuando cae el sol,

cuando calla la tarde,

el camino dorado se desdibuja

y el silencio se vuelve más que silencio.


Ahora, dejemos que la luna nos guíe.




Y entonces, sin decirlo,
te acercaste un poco más.
Tus dedos, temblorosos,
se atrevieron a cruzar el espacio
que antes nos parecía prudente.

Y yo, que tanto temía al amor,
descubrí que no hay miedo
cuando el corazón late al compás de otro.


Las hojas caían discretas,
como si respetaran nuestra urgencia.

Y el banco testigo y cómplice, 
viejo y sabio,
guardó para siempre
ese suspiro largo que nos hizo uno.

Ya no somos solo pasos compartidos,
somos latidos entrelazados.
Y si la luna habrá de guiarnos,
que lo haga con la ternura
con la que esa tarde tú me miraste.

Porque desde entonces,
aunque el sendero se oscurezca,
aunque el sol se oculte,
caminar contigo
es siempre
caminar hacia la luz.


No lo planeamos,
no hacía falta.
Tus dedos encontraron los míos
como si lo supieran de antes,
como si este momento lo lleváramos escrito en la piel
desde hace tiempo.

Y ahí, entre luz dorada, 
hojas secas y tierra húmeda,
me sentí en casa.

Porque no era el parque.
No era el banco.
No era la hora mágica del atardecer.
Eras tú.

Eras tú quien hizo que el mundo se quedara quieto.
Quien convirtió un paseo sin destino
en el lugar exacto donde quería quedarme.

Y aunque luego el sol se fue,
y la sombra ganó terreno,
tus manos seguían firmes,
como diciéndome sin palabras:
"No te vayas, quédate un poco más."

Y me quedé.
Como se quedan las cosas que de verdad importan.
Sin prisa.
Sin miedo.
Con todo.

Porque hay días que se vuelven eternos
solo por cómo te mira alguien
cuando cree que no lo ves.

Y tú me miraste así.



jueves, 17 de abril de 2025

"Caricias del agua"


Entre sombras y luces,
un lazo tenue,
susurro de estrellas al viento,
joya en neblina.


En la delicada danza de las gotas,
flota un secreto,
invisible armonía
que guarda un sueño en su esencia.
La caricia del vapor envuelve,
la respiración se vuelve canto,
el tiempo, líquido, se escurre
en la orilla del instante.


Allí, suspendida,
la ternura emerge de las cálidas aguas,
encubierta por brumas cómplices,
como un suspiro callado,
roza la luz que yace oculta,
besando su piel desnuda.

viernes, 21 de marzo de 2025

"Asturias, Mi Destino."

Tierra que murmura bajo mis pasos,
 un eco dulce, eterno y vibrante, 
que guarda en su vientre secretos de tiempos antiguos. 

Tus montañas, 

catedrales del viento, 
se alzan majestuosas, 
guardianas del misterio, 
con su sombra acarician mis sueños
y me envuelven en su abrazo eterno. 

Tus ríos, 
espejos de lo infinito, 
manantiales de luz pura,
me devuelven el reflejo
de quien hoy soy, 
una verdad que renace
en tus cristalinas aguas.

Tu gente,
portadores de bondad sencilla, 
abrazando el tiempo con miradas sinceras. 
En sus voces el eco del hogar, 
y en sus gestos de generosidad, 
florezco sin temor ni olvido. 

Asturias, 
tierra de magia, 
donde el tiempo se detiene ante su esplendor,
donde lo eterno y lo efímero se convergen, 
y mi destino encuentra su forma. 

Soy un hilo en tu vasto tapiz,
tejido por manos invisibles. 
Guiada por tu cruz, 
por tu alma, 
he encontrado mi camino, 
mi lugar, mi libertad… 
Mi Destino.



martes, 18 de marzo de 2025

"Oscuridad y coraje. Luz y esperanza. Paso firme, para adentrarse en el sendero del alma."

Camino escondido,  
bajo el amparo de la renuente luz 
de una farola solitaria, 
como la vida misma: 
sendero envuelto en sombras y misterios, 
que nos llama y reta a seguir avanzando, 
pese al miedo. 

Porque hasta la luz más difusa 
puede marcar el rumbo,
cual brújula silenciosa. 

Un paso más, 
y con él, el valor renace, 
revelando que las sombras
también son parte del paisaje, 
necesarias para su composición, 
y nunca, destino final.

jueves, 13 de marzo de 2025

"Escalones, Susurros y Deseos Velados"

Cada peldaño, un secreto. 
Entre luces traviesas 
y rincones escondidos, 
la escalera nos invita 
a perdernos… o a encontrarnos. 

Las sombras dibujan suspiros, 
los destellos marcan latidos. 
No es solo un camino, 
es un umbral, 
donde el tiempo calla 
y los deseos hablan.
 
Subir o bajar, 
perdernos o encontrarnos, 
quizá no importe, 
porque entre luces y sombras 
hay miradas que arden, 
manos que tiemblan, 
labios que se buscan 
y corazones que se unen, 
en un mismo sentir.

En ese rincón secreto, 
donde la luz apenas susurra, 
las almas no solo se encuentran, 
se reconocen, 
se reclaman, 
se entregan, 
uniéndose en un mismo ser.

martes, 25 de febrero de 2025

Tres meses de momentos inolvidables


En cada momento de la vida, hay capítulos que inician y otros que culminan. Algunos son más largos, otros breves; algunos están llenos de alegría, otros de dolor y dificultades. Cada etapa trae consigo su propio conjunto de desafíos y aprendizajes, y es natural sentir una montaña rusa de emociones al transitar de una a otra...



Bajo el cielo infinito de un amanecer, 
un alma sensible se despierta, 
cargando en su corazón la labor, 
de sanar y amar sin tregua... 


Deshacer mi bolsa de recuerdos, como cerrar un libro lleno de historias y memorias invaluables, me llevaba de vuelta a esos momentos vividos... Cada objeto: Tijeras de autosuficiencia, bolígrafos extra para mis mentores, las libretas repletas de notas y lecciones... Cada página, cada línea, testigo y símbolo de esfuerzos, de intentos por aprender y ser de ayuda. 


Tres meses de desafíos, 
lecciones, sonrisas y lágrimas, 
de abrazos y miradas que llenan el alma, 
despedidas dolorosas y frustraciones, 
impotencia que enseña e instan a continuar, 
con más fuerza y esperanza, por los demás.


Los primeros días fueron de duda, las primeras semanas, solo podía sentirme torpe y fuera de lugar, lo único que quería era no estorbar, como si cada paso que daba fuera un tropiezo más. Pero poco a poco, con su infinita bondad y paciencia, aquellas puertas abiertas, brindaron un hogar. Cada día que pasaba, me sentía más aceptada y valorada. Cada sonrisa y palabras de aliento, me dieron fuerzas para continuar. 

Recordando cada momento vivido, testimonio para no ser un estorbo y poder ayudar, crecimiento y evolución personal y profesional.


Esos ojos brillantes, 
llenos de amor y nobleza, 
incluso en sus peores momentos, 
mostrado su singular belleza, 
que acaricia el alma. 
Aunque algunos se fueron, 
su recuerdo vive en el pecho, 
dejando una huella imborrable, 
un amor y respeto eterno.


Los animales, cuyas miradas traspasan las armaduras más robustas y pesadas, con sus ojos llenos de amor y gratitud, me enseñaron lecciones que jamás olvidaré. Incluso convalecientes, nunca pierden su luz. Despedidas, más felices, de regreso a casa, y más desagradables e inevitables, así es formar parte del ciclo de la vida. Lecciones de empatía, respeto y compasión. Nuestra misión, hacerles el camino más llevadero. Cada caricia, cada mirada, cada mimo, un consuelo. A pesar del dolor de las despedidas, es reconfortante saber que se hizo todo lo posible por mejorar sus vidas.


Recuerdos de meses compartidos,
conversaciones, risas y tristezas, 
frustración y esperanza entrelazadas, 
lecciones de empatía, amor y nobleza.

Al despedirse de compañeros y amigos, 
un susurro de esperanza queda, 
de volver a cruzar caminos, 
de reencontrarse en la vereda.

Y aunque hoy el alma duele, 
es señal de una vida plena, 
de haber amado con toda el alma, 
y de seguir adelante, 
llena de  gratitud y esperanza.


Los recuerdos de esos meses me acompañarán siempre. Las conversaciones, las risas, y también los momentos de tristeza y frustración compartida. Aprendí que el trabajo en equipo es fundamental, y que cada uno, con sus habilidades, cariño y esfuerzo, aporta algo único y valioso. Aunque ahora me enfrento a la incertidumbre de no saber si volveré a ver a esas personas y animales, me consuela saber que, de alguna manera, todos dejamos una huella en la vida de los demás.

Hoy, mientras las lágrimas caen por mi rostro, sé que este dolor es una señal de que formé parte de algo maravilloso, de que viví intensamente. Y aunque el futuro es incierto, llevaré conmigo estos recuerdos y las lecciones aprendidas, con la esperanza de que, algún día, nuestros caminos, tal vez, se crucen de nuevo.


Permito que mis sentimientos emerjan, 
honrando los recuerdos y las lecciones, 
procesando lo vivido con profundidad, 
saboreando la dulzura y la amargura.


La vida es un constante fluir:
Capítulos que empiezan, y que terminan,  
algunos largos, otros cortos.
Alegrías y dolores, desafíos y triunfos.
Cada cierre, un nuevo comienzo.
Cada final, una nueva oportunidad.
Nuevas experiencias, personas y caminos.

Mantengo la esperanza, 
sabiendo que llevo conmigo, 
esas valiosas lecciones y recuerdos
de este capítulo tan bello y único.


Gracias por lo vivido.

jueves, 13 de febrero de 2025

Estrellas del pasado, camino al futuro

La nostalgia se entrelaza en mi corazón como un murmuro eterno, recordando la inocencia de la infancia y los lazos inquebrantables. Los recuerdos dulces nos guían hacia un futuro prometedor, donde la pureza y la fidelidad son nuestros cimientos.

En cada decisión, la sabiduría del pasado ilumina nuestro camino como una estrella eterna. Honremos estos recuerdos y construyamos un futuro lleno de oportunidades y relaciones significativas, de felicidad, que perdure para siempre.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Sueños en la bruma

Nubes errantes,
lágrimas de un sol oculto,
sueños en la bruma.

En la bruma,
flor de esperanza emerge,
calma en su ser.

En su ser,
resplandece una llama,
luz en la niebla.

En la niebla,
susurra el viento suave,
paz en el alma.

En el alma,
raíces de fortaleza, 
vida renace.

miércoles, 5 de febrero de 2025

Xena, 9 añitos de felicidad.

Nueve años de recuerdos preciados, De aventuras y momentos compartidos, De paseos al sol y bajo la luna, De juegos sin fin en el campo, Y de abrazos cálidos en días fríos. Un despertar a la vida, Con sus ojitos brillantes. Cada momento con ella, Un tesoro de mi vida, Sus mirada amorosas, Su alegría contagiosa, Su amor incondicional. La presencia que siempre me anima. Una amistad forjada en la pureza, Una conexión que trasciende palabras, Un lazo que nada puede romper. La chispa en mi vida. Un amor que nunca se desvanece. Mi Xena, mi amiga, mi familia, Mi noble y fiel compañera. Mi alma gemela, Mi otra mitad. Guardiana de mis sonrisas y mis lágrimas, El milagro de mi existencia, Es haberte tenido en mi camino, Mi fiel amiga, Siempre lista para acompañarme, En cada paso, en cada sueño. Ella, la melodía que llena mi hogar, De vida, calor y momentos de paz, Cuando estamos juntos, sin más. Ella, siempre a mi lado, Guardiana de mis secretos, Protectora de mis miedos, Cómplice de mis trastadas, Receptora de mis caricias y amor. Compañera de vida, Y loba de mi corazón. Gracias, Por hacer de mi vida, Una obra de arte.

lunes, 19 de agosto de 2024

Abismos en la penumbra

[...] En la penumbra de la noche, se asoman dos abismos oscuros, profundos, sin alma...[...]


Ojos que ocultan secretos, dos pozos insondables, se ocultan tras una cortina de humo, una ilusión cuidadosamente tejida, telaraña de mentiras donde las sombras se entrelazan, formando el abismo de lo no dicho. Claman un peligro sutil que el cuerpo desarma. No puedes apartar la mirada, aunque cada fibra de tu ser te grite que huyas... Es como sí tuvieran un poder hipnótico, una atracción fatal que te envuelve en una niebla de incertidumbre y temor. 

A la luz, pudieran parecer ojos inofensivos, casi encantadores. Pero detrás de esa fachada, se esconde un vacío insondable, un hambre que nunca se sacia. En la penumbra, la verdad se hace visible envuelta en una niebla de engaños, una figura emerge de ellos... Es un depredador, acechando en la oscuridad, esperando el momento perfecto para atacar. Su mirada, te atrapa, te paraliza, sientes el frío del abismo, el terror en tu piel... 



[...] En el silencio de la habitación, las sombras danzan al compás de un susurro inaudible. Una presencia, apenas perceptible, se mueve con la delicadeza de la brisa, pero con la fuerza de una tormenta contenida. Es como el roce de una hoja contra la piel, un contacto tan ligero que casi podría negarse, pero que deja una marca indeleble[...]



Detrás de esos ojos, hay un hambre insaciable... Es un depredadorsediento de vida, de tu luz, de tu alma. Acechando a su presa en la oscuridad, esperando el momento perfecto para atacar... El miedo, un eco constante, se apodera de ti. Tus músculos se tensan, tu sangre se congela, y tu mente se disocia, un mecanismo de supervivencia, tu cuerpo te protege ante el horror que se avecina. 

El devorador se regodea en tu miedo, disfrutando cada momento de tu agonía... Quiere que te desmorones, que sufras y te rindas ante él... Cuando ya no puedes más, cuando ya crees que no queda nada de ti, te devora hasta lo más profundo de tu ser, arrancando TODO de ti. Una vez pone sus garras en ti, sientes cómo te desgarra, te asfixia, y sabes que nunca te soltará, estás atrapada. Es una sensación que va más allá de lo físico, como si tu alma misma te estuviera siendo arrebatada, desgarrada y engullida, un infierno perpetrado por un monstruo sin escrúpulos, que necesita alimentar el agujero negro que porta en su interior... Nunca se sacia. Una tortura lenta y meticulosa, diseñada para despojarte de cada fragmento de tu ser.



[...] Horrores que se entrelazaba con el alma, tejiendo una red de hilos invisibles que atrapaban la voluntad. No había cadenas, no había gritos, solo el eco de un poder que se afirmaba en el silencio, un dominio ejercido sin palabras. [...]



Cazador sin sentimientos ni empatía, desnaturaliza a su víctima, haciéndola sentir atrapada en un ciclo de dolor y desesperanza, incapaz de encontrar una salida, acabas sucumbiendo... 

Mirada cambiante, inquietante... A veces crees ver algo, una figura oscura tras la cortina, pero es tan sutil, que dudas, parte del engaño, sin duda. Un telón con poco recorrido. Hace el esfuerzo de esconder su esencia depravada. Pero no puede actuar por mucho tiempo; no sabe actuar. Lo que lleva dentro, su vacío, no lo puede ocultar. Debe alimentarlo o lo devorará por completo, obligándolo a hacer lo que más teme: verse a sí mismo. Su mirada avisa, sabe que puede ser su perdición, y el depredador se convierte en su propia víctima.



[...] Pero en la oscuridad, una chispa, la voluntad de huir, de sobrevivir. El cuerpo toma el control, se impone, y en la huida, la esperanza renace. Las cicatrices, testigos de la lucha, se cierran con costras de valentía. La resiliencia, un fuego que arde, y la víctima, ahora superviviente: -"¡VIVE!" [...]



Esos ojos... esos abismos negros... Son una ventana a una dimensión de sufrimiento y desesperación. No puedes evitar sentir que, si te quedas demasiado tiempo mirando, serás arrastrado a ese vacío, a ese abismo sin retorno. Es una sensación que te persigue, que te atormenta incluso cuando cierras los ojos. Porque sabes que esos ojos, esa mirada, siempre estarán ahí, acechando en la penumbra, esperando el momento perfecto para atraparte. Ojos negros de hambre, se alimenta de la confianza rota, reflejo del infierno... Es una advertencia silenciosa, un susurro en la oscuridad que te dice que huyas, que te alejes lo más posible. 



[...]Y en ese juego de luces y sombras, la verdad se ocultaba a plena vista, un misterio envuelto en el velo de lo cotidiano. Solo aquellos que miraran más allá de la superficie, que sintieran el peso de las miradas y la sutileza de los gestos, podrían percibir la historia no contada, la narrativa oculta en el susurro del viento. [...]



"Incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una chispa de luz que nos guía."


jueves, 4 de enero de 2024

Amor que Amo

Amo el aroma fresco de la lluvia al caer,
el susurro del viento, la brisa al amanecer.
Las risas sinceras, abrazos que dan calor
y el brillo de los ojos que transmiten amor.

Amo el lento atardecer en tonos dorados,
Y el mar que en su calma deja sueños anclados.
Las historias que se entrelazan con emoción,
Y la música que eleva el alma en canción.

Amo el silencio que habla con propia voz,
las palabras amable que reconfortan el corazón.
Los libros que inspiran y dejan huella en mí, 
y el poder del perdón que libra y aligera el ser.

Amo la esperanza que siempre está presente, 
la fuerza del coraje que nunca se ausente.
Las pequeñas cosas que dan felicidad,
y el amor incondicional que es pura realidad. 

martes, 26 de diciembre de 2023

La memoria del tacto


En un reino sumido en la oscuridad, donde los bosques susurraban secretos ancestrales y las montañas albergaban poderes olvidados, vivía Lysandra, una joven con un don extraordinario: la capacidad de sentir el pasado a través del tacto.


Desde su nacimiento, Lysandra fue bendecida o maldita, según cómo se mirara, con la memoria del tacto. Cada célula de su ser era un receptáculo de recuerdos ancestrales, como si el tiempo se hubiera fundido en su piel, y las experiencias pasadas renacieran en ella como una ola de emociones desbordantes.

Pero este don no era una bendición para Lysandra, sino una maldición que la llevaba a un mundo de sufrimiento constante. Cuando su piel rozaba algo cargado de memorias dolorosas, su mente se bloqueaba, y su cuerpo entero se contraía. Su respiración se detenía, su corazón parecía cesar su latido por un instante. Era como si un vórtice la arrastrara al pasado, desconectándola del presente, y no podía escapar.

Sentía un asco profundo, repulsión, miedo y terror. Cada centímetro de su piel reconocía la sombra de aquellos que habían dejado huellas dolorosas en el tejido del tiempo. Uno de esos recuerdos estaba más fresco en su piel: el toque de un ser oscuro, un agresor cuyas garras aún parecían aferrarse a su ser. Aquel ser que la había convencido de un amor falso, un ser sádico, cuya careta de ternura era una fachada para su depravación. Lysandra fue vejada, usada y mancillada por aquel monstruo, un vampiro de emociones, un destructor sin corazón ni empatía.

 

El agresor, persistente en su crueldad, continuaba atormentándola, persiguiéndola con estrategias cada vez más desesperadas. Se acercaba peligrosamente, poniendo en riesgo su integridad en todos los aspectos posibles. En un momento, logró atraparla de nuevo, como si sus manos fueran garfios afilados, y ella se encontró impotente, asfixiada por su control.

Lysandra, atrapada en el laberinto de su memoria, ansiaba escapar de aquel tormento. Pero en este mundo de magia y misterio, una esperanza surgió desde lo más profundo del bosque. Una bruja sabia y poderosa, conocida por sus conocimientos sobre el tejido del tiempo, escuchó la angustiosa llamada de Lysandra.

La sabia bruja, con sus ancestrales conjuros, tejió un hechizo de protección alrededor de Lysandra. A través de la magia ancestral, fortaleció su espíritu y le enseñó a controlar el flujo de recuerdos que la acosaban. Le mostró que su don, aunque doloroso, podía ser una herramienta para defenderse y encontrar la paz.

 

Con el tiempo, Lysandra aprendió a enfrentar los recuerdos dolorosos, a separarlos de su ser y a protegerse de aquellos que intentaban arrastrarla al abismo del pasado. Aún podía sentir, pero ya no era una prisionera de sus memorias.

El agresor, desconcertado por la resistencia de Lysandra, se encontró con una fuerza que no había anticipado. Su maldad chocó con la barrera de la valentía y la determinación de una joven que había decidido tomar las riendas de su destino.

Con el apoyo de la bruja y su nueva fuerza interior, Lysandra logró crear un escudo que repelía al monstruo, manteniéndolo alejado de su ser. Aunque los recuerdos aún tocaban su piel, ya no la atrapaban en una espiral de terror y dolor.

 

Así, con coraje y sabiduría, Lysandra transformó su maldición en una fortaleza, encontrando la libertad para vivir en el presente sin ser atormentada por los fantasmas de su pasado. Y en su viaje, se convirtió en un símbolo de esperanza para aquellos que, como ella, enfrentaban los monstruos de su memoria.

martes, 19 de diciembre de 2023

Son Faro en la oscuridad



En su andar pausado,
sanadora melodía.
En cada paso,
un destello de armonía.
En la quietud de su presencia,
mi esperanza regresa.

Sienten tus latidos,
conocen tu verdad,
son consuelo y guía en la oscuridad.

Calmado corazón,
en su paz me encuentro,
risas retornan,
la serenidad me centro.


Vuelvo a sonreír,
al compás de su andar,
me regalan esperanza,
me ayudan a avanzar.

En la oscuridad,
luz refleja su brillo,
ellos son faros en mi camino.

Sin juicio, con un corazón sincero,
Son terapeutas en un lazo verdadero.
Guiando a quién sufre con su andar sereno,
los caballos curan, dan consuelo.

En la conexión con ellos encuentro mi voz,
respeto y admiración.
En su galope libre,
la libertad se revela,
vinculo ancestral que mi espíritu llena.




Bajo sus cascos,
la tierra se siente en paz.










viernes, 9 de diciembre de 2022

La Canción Del Fénix


Sabía que el día llegaría… 

Volver a ver el paisaje, pero con distintos ojos...




Tan perdida y con las alas rotas, tenía voz, pero no podía hablar. 
Incluso, ahora, me cuesta volar... 







Vio caer el fruto, que guardaba las semillas, paciente, desde el camino... 


Un grito que trataba de esconder, atrapado en mí, retorciéndose tan fuerte... Me devoraba por dentro…

Están guardados a fuego en mi memoria, no me dejan dormir.

Esos recuerdos, los tengo atrapados en mi cabeza, son espinas bajo mi piel. Como los cuervos que abarrotan, alborotan y destrozan las copas de los árboles... mientras que estos, sólo quieren crecer...

Llenan los silencios, viajan conmigo a través de los días...

Y, no quiero que se callen ¡No me importa quién los oiga! No me importa que se oigan... Tengo que sacarlos... En mi corazón, el trastero tapiado, estalló. Mi mente es ahora, una locura ruidosa; no me quiero rendir dentro de ella, no voy a perderme en este caos. Tomándolo con calma; constancia, determinación y tiempo; me encuentro a mí misma. Escribiendo, dibujando, paseando... El trastero se va organizando, dejando de ser una catástrofe bulliciosa, poco a poco, ya no temo.


La vida es tan solo un viaje, lleno de paisajes. Caminar sobre brasas, nadar entre tiburones... Una pequeña parte, aunque, cierto es que:


 "Nunca sabremos lo alta que es una montaña, 

sí no la miramos desde abajo."


He buscado por todas partes y nunca lo he encontrado… El porqué, nunca apareció, pero, ahora ya, no lo necesito.

Recuerdo cuando pensé en sí hice lo correcto... Hasta que no dejas de luchar, no te paras a observar y, es entonces, cuando el camino aparece ante tus ojos. Ahora estoy segura, lo hice, ella lo hizo.



No me importa estar rota, yo quiero volar…

No dejará de doler hasta que no lo intente…

Todos tienen sus platos sucios…

Sí ella fue fuerte, yo debo serlo, por ella, por mí, por nosotras...

Ya no soy quién fui, ya no estoy perdida... 

Ahora sé quién soy, y a dónde voy.


Arrojada al abismo, me defendí como pude... 
La línea se cruzó, la inocencia se perdió, y empezó la lucha...


Ahora tengo voz, como el rugido de un león;
mis alas, aunque con cicatrices, pueden volar,
y lo hacen, alcanzan el cielo. 

Las nubes son tan suaves... Me siento tan ligera como ellas, por fin...

SOY LIBRE



jueves, 10 de noviembre de 2022

Animal salvaje

¿Qué pasa cuándo sacas a un animal salvaje de su jaula, 

Cuando sale de los barrotes que lo aprisionaban y protegían del mundo exterior?


No me acuerdo de cómo se camina entre personas... Sólo quiero correr, perseguir la luna hasta el amanecer y, el sol hasta el ocaso, sin detenerme... Como un caballo salvaje... Como un tigre enrabietado. 

Que mis pies ya no sientan asfalto, tierra, grava o hierva; que mi aliento se una al viento... Que me despoje de mi ropa, de mi piel, de mis tejidos y huesos; que mi corazón pueda por fin ser libre... Estallando en paz, librándose del dolor que tanto lo oprime. Para resurgir, como Ave Fénix.

Siempre quise volar pero, sentía miedo de cruzar el umbral de mi querida y acogedora jaula...

Ahora, con el amanecer de mi valentía, romperé las cadenas invisibles que me atan, alzaré el vuelo como un águila en busca de su horizonte perdido. Dejaré que mis alas se desplieguen, sintiendo el viento acariciar cada pluma, y me elevaré sobre las montañas de la duda y los valles del miedo.

No temeré más a la inmensidad del cielo, ni a los desconocidos senderos del destino. Seré una fuerza indomable, una corriente imparable, y con cada paso, con cada aleteo, me acercaré más a la esencia pura de mi ser.

Desnuda de miedos, vestiré mi alma con la valentía de los antiguos guerreros, y en cada aliento, en cada latido, recordaré que nací para ser libre, para abrazar la vastedad del universo y danzar con las estrellas.